Todos al unísono de la voz de la autoridad, en éste caso de un joven con altavoz y con dotes de superhéroe que imagina un mundo lleno de color y fantasía o al menos eso quiere difundir entre sus seguidores que obedecen a cada orden que resuena. Un mundo de igualdad y cooperación en medio de un espacio carente de ella.
Tristemente, hace unos días pudimos contemplar el intento de borrar de la memoria las vicisitudes que esta gran crisis construida para los trabajadores está dejando en nuestra sociedad. Una gran crisis producto del imaginario de los grandes capitales que ven en ella una oportunidad de satisfacer sus deseos carnales en la explotación laboral, en la flexibilidad y en el lavado de plantillas que realizan a costa de la vida de miles de familias. Y cómo no iba a tomar parte ésta universidad en la deconstrucción de la memoria que tan de moda está hoy. Ya no sólo intentamos olvidar los muertos de la dictadura. Ahora se intenta negar los muertos que en esta época se suceden y los miles de personas sumergidas en la inseguridad alimentaria.
Desde el Vicerrectorado de Relaciones Institucionales, pasando por el Vicerrectorado de Alumnado, hasta el Observatorio de Inserción Laboral donde su preocupación máxima es difundir las tesis de Friedman o Hayek e introducir a los alumnos en la felicidad del neoliberalismo más brutal donde terminan explotados por a veces, un mísero salario de becario y otras veces por un ‘gracias por haber venido’, se ha realizado un nuevo intento de manipular al alumnado atendiendo a varios conceptos. El primero de ellos fue congregar a más de cien alumnos con un perfil bastante característico, el distintivo personaje cuyo objetivo en la vida es el disfrute irracional que le provoca el alcohol un sábado por la noche. Claro está que la convocatoria a tan peculiar actividad estaba abierta a todo el personal de la universidad, incluido al profesorado que también tuvo su participación. En segundo lugar, se propone reactivar la motivación que causa en algunos el escuchar la doceava campanada de un treinta y uno de diciembre. Esa emoción que la publicidad causa de comenzar un nuevo año con fuerza compulsiva para sumirse en el más rapaz consumismo.
Se ha de dejar claro que no sirve olvidar el pasado para crear el futuro. El mañana se construirá con la base del ayer y con la racionalidad que tengamos en el hoy, por esta razón, no podemos intentar olvidar los acontecimientos y comenzar un nuevo futuro con nuevas expectativas, porque eso sólo lo hacen aquellos que construyeron esta crisis para su disfrute y beneficio. En tercer lugar, se pueden observar dos palabras típicas de cualquier fascismo totalitario. Claro está que el idioma escogido no es ninguno de los dos oficiales de ésta comunidad sino aquel que toma la forma imperialista en todos sus aspectos, el inglés. Estas palabras son RESET y REACT, -reiniciar y reaccionar-. La importancia que en éste contexto disponen estos vocablos se explica por sí misma. Borrar el pasado hostil para construir un mundo más hostil es lo único que estas personas encontrarán si siguen las mismas pautas de actuación que predican, por tanto, haciendo uso del reaccionarismo de corte fascista que preconizan al incentivar a los alumnos carentes de cualquier conocimiento histórico-político, mancillan a su vez el nombre de la revolución tan necesaria en nuestros días. Se confunde premeditadamente a los ingenuos alumnos que disfrutan de su juventud alargada en el tiempo incentivando a ese cambio de mentalidad que no es más que una continuidad del consumismo exagerado que sostiene la economía occidental. Pensada para producir a bajo costo y en grandes cantidades que se venderán después de incentivar a ello a los consumidores, ésta economía destruye día a día vidas en los países-almacén explotados por las grandes transnacionales occidentales.
La tristeza, que ya brota en muchos con algo de coherencia y dignidad, resurge al contemplar la humillación a la que se exponen voluntariamente alumnos y profesores carentes de cualquier racionalidad mental y cuya existencia se limita a contemplar la felicidad que el dinero les dice otorgar a modo de música, alcohol, fiesta y demás nubladores de mente e instrumentos utilizados por el capital para seducir a aquellos ignorantes escondiendo la realidad de un mundo ampliamente desigual.
Reiniciemos sí, nuestra razón dormida con el paso del tiempo y la manipulación mediática.
Pero no a favor de una diversión más a la que complacer los placeres del consumismo. Reaccionemos sí, despertando de esa inactividad provocada y comenzando una nueva revolución que se contemplaba aletargada y que es necesaria para construir un mundo sin engaños, para establecer una universidad coherente a los valores de la ética social y no de la moral del enchufismo clasista que provoca una disolución de conocimiento.
Despertemos de la pasividad influenciada por el bienestar desigual y mostremos nuestra inapetencia con este sistema, con esta forma de hacer universidad y con este modelo estándar de conocimiento que pretende inculcar el consumo como la única vía de escape a ésta crisis creada para los trabajadores.



